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En consulta lo estoy viendo cada vez más: niños y niñas con sobrepeso que no llegan por “peso”, llegan por todo lo demás. Dolor de espalda, dolor de cabeza, desánimo, cansancio, mal humor, papás preocupados porque “ya no lo ven activo”, “ya no juega”, “se la pasa sentado”.

Y entonces empieza la conversación típica: comida, porciones, azúcar, ultraprocesados. Pero hay un punto que se nos está yendo como sociedad: la activación física ya no ocurre sola.
Antes el niño salía, caminaba, corría, iba a la tienda, jugaba en la calle. Hoy, en muchas ciudades, eso no es realista sin supervisión. Y los papás también están en modo supervivencia: trabajo, tráfico, cansancio, casa, tareas, cena, baño, dormir, repetir. A las 6 p. m., lo último que quieres es salir a “entrenar” cuando a las 8 ya necesitas que todo el mundo esté listo para el día siguiente.
Por eso, estos dos artículos (2025) me gustaron: porque ponen sobre la mesa algo que en 2026 necesitamos decir sin pena y sin vueltas: el músculo en la infancia es salud, y desarrollar la fuerza (bien dirigida) debería ser parte central de la actividad física en niños y adolescentes.
El músculo: el “órgano” que estamos dejando atrás
Cuando hablamos de músculo, muchos papás piensan en estética o en el gimnasio. Error. Lo que nos interesa es la salud muscular infantil: que el niño tenga suficiente capacidad para moverse, sostener su cuerpo, rendir en el día y adaptarse.
La revisión de Pediatric Research propone algo muy aterrizado: para entender el “músculo” en pediatría no basta un número o una medición aislada. Hay que mirar una tríada: masa muscular + fuerza + función.
Eso, en la vida real, significa:
- Masa y fuerza: No solo cuánto músculo “tiene”, sino qué tanto puede hacer con ese músculo.
- Función: Si puede moverse con control, si puede jugar, si puede sostener la postura o si puede subir escaleras sin “apagarse”.
Y algo clave: también se introduce la idea de alfabetización física: “saber moverse”. Correr, saltar, equilibrarse, coordinarse. Porque si un niño no se siente capaz moviéndose, evita hacerlo… y ahí empieza el círculo vicioso.
En 2026, la fuerza ya no puede ser un “extra”
La otra revisión (Sports Medicine) lo dice de forma contundente: el entrenamiento de resistencia (fuerza) en jóvenes debe verse como una forma primaria de actividad física para la salud y la condición.
¿Por qué importa esto para los papás? Porque muchos niños hoy no tienen suficientes oportunidades espontáneas de desarrollar fuerza. Están sentados gran parte del día (escuela, tareas, pantallas) y la vida ya no incluye el movimiento natural de antes.
Y ojo: “fuerza” aquí no es ponerle una barra olímpica. Es movimiento con propósito y progresión: aprender a empujar, jalar, ponerse en cuclillas, cargar, saltar, caer bien y trepar. Cosas de niños. Técnica primero. Juego. Constancia.
La realidad de las familias: no es falta de ganas, es falta de estructura
Voy a decirlo como lo vemos todos: muchas casas hoy funcionan con abundancia de comida disponible, poco tiempo para cocinar con calma y papás que no son activos (porque no les da la vida). Además, en este contexto social, no es tan sencillo mandar al niño a jugar afuera. Resultado: el niño termina haciendo lo más fácil: estar sentado, frente a una pantalla y abriendo el refrigerador cada vez que siente sed, ansiedad o curiosidad.
Entonces, ¿qué hacemos? No se trata de “ser perfectos”. Se trata de construir un sistema mínimo que sea sostenible. Porque si no es sostenible, no dura ni dos semanas.
Recomendaciones del Doc para 2026 (realistas, sin culpa)
1) Cambia el objetivo: de “bajar de peso” a “recuperar capacidad”. En consulta, tu meta no es que el niño “adelgace rápido”. Tu meta es que el niño tenga más energía, se mueva mejor, haga más cosas con su cuerpo y construya fuerza y función (la tríada). Eso es salud muscular infantil aplicada.
2) El plan mínimo que sí cabe en una casa con papás cansados 10 minutos, 3 veces por semana. Sí, diez. Y si se puede más, increíble. Pero el mínimo tiene que ser viable. Ejemplo de “rutina de hogar” (sin equipo):
- Sentarse y pararse de una silla (piernas).
- Empujar la pared o hacer “lagartijas” inclinadas (empuje).
- Puente de glúteo en el piso (cadera).
- Saltos suaves o brincos en el lugar, enfocándose en “caer bien”.
Si lo puedes llevar al parque o a la playa, mejor aún. También puedes buscar espacios como gimnasios, que cada vez están más abiertos a entrenar niños con ejercicios funcionales; el boxeo es un buen ejemplo, lo vi de primera mano. Esto conecta directo con el enfoque de fuerza como base y con la tríada masa-fuerza-función.
3) Alfabetización física: que vuelva a “saber moverse”. Si el niño se siente torpe, evita moverse. El enfoque no es solo “quemar calorías”, es aprender habilidades: equilibrio (pararse en un pie), coordinación (saltitos, cambios de dirección) y control del cuerpo (agacharse y levantarse bien).
4) Hazlo automático: la fuerza como “hábito familiar”. Si papá y mamá no se mueven, el niño lo tiene más difícil. No es por culpa, es por la cultura de casa. Una estrategia realista: “3 días de 10 minutos” donde alguien en casa lo acompañe, aunque sea en uno o dos ejercicios.
5) Cambia la narrativa en casa. No es: “tienes que bajar de peso”. Es: “vamos a recuperar tu energía”, “vamos a hacer que tu cuerpo se sienta fuerte”. A menor actividad física, menos ganas de hacerla.
Sí es difícil… pero sí se puede
Los artículos llegan en buen momento porque describen algo que estamos viviendo. En 2026, el movimiento ya no viene “gratis” con la vida diaria; hay que diseñarlo.
La buena noticia es que no necesitas un gimnasio perfecto ni tiempo infinito. Necesitas empezar con algo pequeño, constante y bien enfocado: salud muscular infantil (masa, fuerza y función) + alfabetización física + fuerza como base. Ese es el cambio posible.







