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En las últimas décadas, algo ha cambiado de forma clara en mi consulta pediátrica.
Cada vez me toca ver a más bebés pequeños con “granitos” por todo el cuerpo como dermatitis persistentes, moquitos que no se van, tos nocturna, comezón intensa o crisis respiratorias que se repiten una y otra vez. Lo que antes se minimizaba como “algo pasajero”, hoy sabemos que forma parte de un problema de salud mucho más amplio y complejo: las enfermedades alérgicas infantiles. Y no, no es exageración llamarlo una epidemia silenciosa.
1. Los números no mienten: la incidencia global de las alergias infantiles
Las enfermedades alérgicas y atópicas han aumentado de forma sostenida en todo el mundo durante las últimas décadas. Estudios epidemiológicos internacionales, como ISAAC (International Study of Asthma and Allergies in Childhood), han documentado este crecimiento y lo muestran en sus actualizaciones año con año.
Algunos datos clave que vale la pena conocer:
- El asma afecta aproximadamente al 10–15% de la población infantil.
- La rinitis alérgica puede presentarse hasta en 3 de cada 10 adolescentes.
- La dermatitis atópica llega a afectar a casi 1 de cada 4 niños en entornos urbanos.
Este aumento no es casualidad.
Factores como:
- La urbanización acelerada.
- La contaminación ambiental.
- El uso excesivo de antibióticos.
- Los cambios en la alimentación.
- Nacimientos por vía cesárea y tasas muy bajas de lactancia materna son clave.
- La disminución del contacto temprano con microorganismos.
Han modificado la forma en la que madura el sistema inmune infantil.
Esto se relaciona con la conocida “Teoría de la Higiene”, que explica porqué el sistema inmune empieza a reaccionar de forma exagerada ante sustancias que, en teoría, son inofensivas.
2. La marcha atópica: el camino que sigue la alergia
Uno de los conceptos más importantes —y menos conocidos por los padres— es la marcha atópica.
Las alergias no aparecen de la noche a la mañana. En muchos niños siguen un patrón predecible a lo largo del crecimiento y que vemos día a día.

1️⃣ Dermatitis atópica
Suele ser la primera manifestación, especialmente en bebés.
La piel pierde su función de barrera, se inflama y permite la entrada de alérgenos.
Esa piel irritadita del cuello, de la pancita y la entrepierna no es solo “irritación”.
Escribí un artículo hace algunos años respecto a este tema, te lo dejo aquí.
2️⃣ Alergia alimentaria
El sistema inmune empieza a sensibilizarse a proteínas de alimentos comunes como leche, huevo o frutos secos.
Es superimportante recibir una correcta orientación en este punto de desarrollo cuando vamos al pediatra. Las probaditas de forma anticipada o también el evitar alimentos hasta que te sientas “segura” o que esté más “grande” puede ser la diferencia.
2️⃣ Alergia alimentaria
El sistema inmune empieza a sensibilizarse a proteínas de alimentos comunes como leche, huevo o frutos secos.
Es superimportante recibir una correcta orientación en este punto de desarrollo cuando vamos al pediatra. Las probaditas de forma anticipada o también el evitar alimentos hasta que te sientas “segura” o que esté más “grande” puede ser la diferencia.
3️⃣ Rinitis alérgica y asma
Con el tiempo, la inflamación se traslada a las vías respiratorias, generando congestión nasal persistente, tos nocturna, sibilancias y dificultad respiratoria.
👉 Entender esta secuencia es clave, porque intervenir a tiempo puede ayudar a frenar o modificar la progresión de la enfermedad.

3. Más allá del síntoma: la verdadera carga (morbilidad)
Uno de los mayores errores es pensar que “no es grave” porque no pone en riesgo inmediato la vida.
La Organización Mundial de la Alergia (WAO) ha señalado que la morbilidad —es decir, el impacto diario— es uno de los problemas más importantes de estas enfermedades.
Algunas consecuencias frecuentes:
💤 Trastornos del sueño
La comezón intensa de la dermatitis o la obstrucción nasal constante impiden un descanso profundo.
Dormir mal afecta el crecimiento, el estado de ánimo y la conducta.
📚 Bajo rendimiento escolar
Un niño con rinitis o asma mal controlados vive con fatiga crónica, dificultad para concentrarse y menor capacidad de atención.
Son niños que enferman el doble o triple comparados con sus pares sanos y el ausentismo escolar tiene un impacto en la calidad de vida de estos pequeños.
🧠 Impacto emocional
La visibilidad de las lesiones en piel, el uso constante de medicamentos o las limitaciones físicas pueden afectar la autoestima y generar aislamiento social.
Muchas veces no vemos el problema, pero el niño lo vive todos los días.
4. ¿Qué podemos hacer como padres y profesionales?
La clave no está solo en tratar la crisis, sino en un manejo integral y a largo plazo.
✔️ Protección de la barrera cutánea
En niños con riesgo, el uso regular de emolientes desde etapas tempranas puede reducir la inflamación y proteger la piel. Evitar jabones comerciales solo porque huelen bonito o prometen piel sana.
✔️ Control ambiental
Reducir la exposición a ácaros, evitar el humo de tabaco en casa y cuidar la calidad del aire interior hace una gran diferencia.
✔️Lactancia Materna y Alimentación Complementaria a tiempo y por el tiempo apropiado
✔️Diagnóstico preciso
No adivinar ni automedicar. El tiempo es clave para lograr detener la marcha atópica.
Un diagnóstico correcto en etapas tempranas, manejo inmediato y temprano facilita la pronta recuperación y control alérgico y en caso de tornarse un caso complicado o de desarrollo acelerado, compartir el caso con nuestros colegas alergólogos especialistas afines para trabajar en conjunto.
Conclusión
Las alergias infantiles no son solo un estornudo ni un problema menor. Son condiciones sistémicas, crónicas y cada vez más frecuentes que requieren una mirada completa y empática.
Como padres y como profesionales de la salud, nuestro objetivo no es solo quitar el síntoma, sino devolverle al niño su capacidad de jugar, dormir y aprender sin limitaciones. En resumen, devolver la calidad de vida.
Porque un niño que respira bien, duerme bien… vive mejor.

